Es bonito. Unas veces tienen color, otras... olor y todas un sentimiento, un recuerdo.
Cuando escucho música cierro los ojos, me tumbo y la disfruto. Al principio sonrío, me agrada. Después sueño.
Cuando la música entra en mí noto cómo fluye desde mis oídos hasta la punta de mis dedos. A veces vibro al compás y a medida que me acomodo más y más puedo escuchar cada instrumento, veo cada nota... Entonces ya no sólo ella está dentro de mí. Yo también estoy dentro de sí, en su mágico mundo. Allí tengo libertad.
Hoy es uno de esos días en los que esa melodía se pega a ti. No quieres dejar de tararearla en tu mente. Pasa pocas veces. Quizá sea porque lo necesitas, necesitas que te acompañe, a ti y a tu circunstancia. Emociona tanto... Es bonito.
miércoles, 8 de octubre de 2008
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